¿Qué pasó con Blockchain? De la revolución prometida a una tecnología que maduró en silencio
Hace algunos años parecía que Blockchain sería la base tecnológica sobre la que se construiría prácticamente todo. Se hablaba de transformar la banca, la logística, la salud, los gobiernos, la educación, la propiedad intelectual y hasta las elecciones. Cualquier conferencia sobre innovación tenía a Blockchain como protagonista. En mi caso en el año 2018 me atreví a decir que para 2023-2025 al menos el 50% del software empresarial estaría relacionado de alguna forma con esta tecnología.
Blockchain es la tecnología de la verdad, y en un mundo más conectado y global, lo normal era conectar los sistemas a una tecnología que pudiera "garantizar" el dato.
Entonces llegó la pandemia.
A partir de 2020 y como consecuencia de la emergencia sanitaria global, la conversación cambió drásticamente. Las organizaciones tuvieron que resolver problemas mucho más inmediatos: trabajo remoto, comercio electrónico, ciberseguridad, servicios en la nube y digitalización acelerada. Más tarde apareció la inteligencia artificial generativa y capturó prácticamente toda la atención del mercado.
Hoy, cuando se menciona Blockchain, la mayoría de las personas piensa únicamente en criptomonedas.
El problema nunca fue la tecnología
En retrospectiva, uno de los mayores errores fue creer que Blockchain era la solución para cualquier problema. Esto ocurría. Era difícil de explicar, así lo expuse también en este blog.
Muchas empresas iniciaron proyectos simplemente porque era la tendencia del momento. Sin embargo, pronto descubrieron que mantener una red distribuida era más costoso, más lenta y mucho más compleja que utilizar una base de datos tradicional.
Muchos escenarios o aplicaciones fallaron porque quisieron incorporar la tecnología solo por incorporarla, no porque la necesitaran, algo que hoy ocurre con la inteligencia artificial generativa. El problema de estos escenarios es que no entregan el valor esperado y por lo tanto terminan desapareciendo.
Cada gran avance tecnológico pasa por una etapa de entusiasmo desmedido. Ocurrió con Internet, con la computación en la nube (cloud computing), con el Big Data y ahora sucede con la inteligencia artificial.
Primero aparecen las expectativas casi ilimitadas. Después llega una fase de desilusión cuando la tecnología no cumple todas las promesas iniciales. Finalmente, sobreviven los casos de uso que realmente generan valor.
El COVID-19 no detuvo Blockchain sino que cambió las prioridades del mundo. Al final los informáticos no mandamos en la empresa, y no hay problema con esto.
Las empresas dejaron de invertir en proyectos experimentales para concentrarse en resolver necesidades urgentes. Digitalizar procesos, garantizar la continuidad del negocio y proteger la operación se volvieron objetivos mucho más importantes.
Mientras tanto, Blockchain dejó de ocupar los titulares.
Blockchain sigue creciendo sin hacer tanto ruido
Actualmente existen avances importantes en áreas como:
- Tokenización de activos financieros.
- Pagos internacionales más rápidos y eficientes.
- Identidad digital verificable.
- Contratos inteligentes.
- Trazabilidad de cadenas de suministro.
- Certificación de documentos y activos digitales.
Muchos de estos proyectos ni siquiera llegan a los titulares porque ya no se venden como una revolución, sino como soluciones concretas para problemas específicos.
Quizá la mayor enseñanza de esta historia no sea sobre Blockchain. Sea sobre nuestra forma de adoptar la innovación. Con demasiada frecuencia confundimos una tecnología prometedora con una solución universal. Las mejores tecnologías no son las que intentan resolver todos los problemas, son las que resuelven muy bien los problemas para los que fueron diseñadas.
Una reflexión para terminar
Mientras todos hablan de inteligencia artificial, vale la pena recordar lo ocurrido con Blockchain. Las tecnologías realmente transformadoras no siempre son las que generan más titulares, pues muchas veces son las que continúan evolucionando en silencio, integrándose poco a poco en la infraestructura que sostiene la economía digital.
Quizá dentro de unos años dejemos de hablar de Blockchain por una razón muy distinta a la que imaginamos, quizá porque estará tan integrada en nuestras aplicaciones y servicios que simplemente la daremos por sentada.
Y si la historia tecnológica nos ha enseñado algo, es precisamente eso: las innovaciones que cambian el mundo dejan de ser noticia cuando comienzan a formar parte de la normalidad, lo hemos visto con Internet, no puede haber nada más normal que Internet.

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