LastPass ha añadido un servicio que encuentro muy acertado: monitorización de los correos electrónicos del cliente en filtraciones de ciberseguridad en la Dark Web. No es que busque en toda la Dark Web, sino que revisa cuando se anuncian y conocen filtraciones.
Uno de los grandes negocios de los cibercriminales es la venta de datos personales. Un estudio de Chainalysis estimó que durante 2024 los darknet markets recibieron algo más de 2.000 millones de dólares en Bitcoin. Esto no es todo lo que se mueve, solo una parte que fue posible medir mediante transacciones bitcoin.
Los datos personales se han convertido en una mercancía. Correos electrónicos, contraseñas, números de teléfono, documentos de identidad, tarjetas de crédito o credenciales de acceso se compran y venden en mercados clandestinos. Es un gran negocio y, al mismo tiempo, uno de los mercados más perseguidos por las fuerzas de seguridad.
¿Para qué quiere un ciberdelincuente nuestro correo electrónico?
Podríamos pensar que conocer una dirección de correo electrónico tiene poco valor, después de todo, muchas direcciones son públicas. El problema aparece cuando ese correo procede de una filtración, se acompaña de otros datos o permite relacionar información obtenida de diferentes fuentes.
Entre otros usos, una dirección de correo puede servir para:
- Enviar phishing dirigido. Conociendo nuestro correo y algún dato adicional es mucho más fácil construir un mensaje convincente para intentar que entreguemos una contraseña, información bancaria u otros datos.
- Probar contraseñas filtradas en otros servicios. Si junto al correo se ha obtenido una contraseña, los delincuentes pueden probar automáticamente esa misma combinación en otros servicios. Es el conocido credential stuffing, que funciona porque seguimos reutilizando contraseñas.
- Secuestrar cuentas. Una cuenta de correo puede ser especialmente valiosa porque suele ser el mecanismo utilizado para recuperar las contraseñas de muchos otros servicios.
- Construir un perfil de la víctima. El correo puede actuar como punto de unión entre diferentes filtraciones. Una base de datos puede contener correo y contraseña; otra, correo y teléfono; otra, nombre, dirección o fecha de nacimiento. Al relacionarlas se puede obtener un perfil mucho más completo de una persona.
- Suplantar nuestra identidad. Cuantos más datos se consiguen asociar al correo electrónico, más posibilidades existen de hacerse pasar por nosotros ante empresas, servicios e incluso otras personas. Hay casos en los que los ciberdelincuentes han abierto cuentas en bancos con información obtenida de otras personas.
- Realizar ataques contra empresas. Una cuenta corporativa permite identificar dónde trabaja una persona y facilita ataques de ingeniería social, fraude al CEO, robo de credenciales o intentos de acceso a sistemas de la organización.
- Vender la información de nuevo. Los datos robados no tienen por qué utilizarse una sola vez. Pueden agruparse, enriquecerse con información procedente de otras filtraciones y revenderse a otros delincuentes.
¿Por qué importa saber que nuestros datos se han filtrado?
LastPass denomina a la función Control de Dark Web. Según explica en el mensaje que he recibido, comprueba si nuestras credenciales aparecen en filtraciones de datos conocidas y nos avisa si las detecta para que podamos tomar medidas.
En mi caso, al activar el servicio LastPass realizó además una comprobación inicial sobre las filtraciones documentadas durante el último año. Afortunadamente, el resultado fue negativo.
La idea me parece muy buena porque el usuario normalmente no tiene forma de saber que sus datos están circulando en bases de datos que se usan para el mal.
Podemos utilizar una contraseña perfectamente segura y no haber cometido ningún error y, sin embargo, nuestras credenciales pueden terminar expuestas porque ha sufrido una brecha de seguridad una empresa en la que tenemos una cuenta.
No podemos impedir que una empresa externa sea atacada, pero sí podemos reaccionar cuando sabemos que nuestros datos han sido comprometidos: cambiar inmediatamente la contraseña afectada, comprobar que no la estamos reutilizando, activar autenticación multifactor y prestar especial atención a posibles intentos de phishing.
Por esta razón aplaudo la iniciativa de LastPaas, me parece especialmente interesante integrar esta vigilancia en un gestor de contraseñas. El gestor ya conoce qué cuentas utilizamos y nos ayuda a proteger sus credenciales. Avisarnos cuando alguna de ellas aparece en una filtración es una extensión bastante natural de esa función.
En seguridad hay una diferencia enorme entre que nuestros datos hayan sido robados y saber que nuestros datos han sido robados. En el segundo caso, al menos podemos hacer algo al respecto.

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