Sam Altman, fundador de OpenAI la empresa que comercializa ChatGPT está desesperado buscando fórmulas para que el gobierno de Estados Unidos ponga control a los desarrollos de inteligencia artificial. Esta es una actitud poco natural del líder de una empresa tecnológica, y yo creo que no lo hace por las razones que él mismo explica, sino que lo hace porque ve en un futuro cercano que tendrá que pagar enormes indemnizaciones, y que posiblemente su vida termine alrededor de casos y casos legales. El control político y financiero de la IA ha sido tendencia durante el verano, así lo expresé en un artículo en la revisata Tecnología y Sentido Común , que puedes leer gratis aquí en la página 32 .

Recientemente escribí un artículo en Pulse, la sección de artículos de LinkedIn, aquí un extracto:
Para empezar, si le ponemos impuestos a los robots (en realidad a los dueños de los robots), parte de lo que se consiga es desincentivar la creación de los mismos, lo que además significa perder competitividad.
Ahora me gustaría elaborar un poco más en la situación. Un ascensor es un robot, y también lo es el lavavajillas, y lo es el equipo con el que programamos la t.v. Sin embargo, el dilema nada tiene que ver con el robot, en realidad lo que le preocupa a la mayoría es la inteligencia artificial, y esto es el software, no el hardware.
Para explicarlo mejor, el coche autónomo no es una amenaza para el empleo por las ruedas, el motor, las puertas y las piezas mecánicas; la amenaza es la inteligencia artificial que se pone sobre el mismo (el software).
¿Cómo se hace pagar impuestos relacionados con la seguridad social a un software? Yo personalmente no lo sé, creo que Bill Gates tampoco.
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