miércoles, 20 de abril de 2016

¿Serías capaz de acusarme por haberlo intentado?

Cuando doy clases de gestión de proyectos empezamos comentando por qué fallan algunos proyectos, y lo que hacemos en el grupo es entender las razones para entonces aplicar métodos que hagan que el proyecto mejore sus posibilidades de éxito.

Quizá no hacía énfasis en que también hay que aprender a fallar. Igual que los equipos en los deportes, todo se prepara para ganar, para tener las mejores probabilidades, pero por eso existen las casas de apuestas, porque unas veces se gana y otras se pierde; algunas veces incluso haciendo todo lo que tenías que hacer, el balón no entró, el proyecto no fue exitoso.

Ayer perdió el equipo de baloncesto del Real Madrid en la Euro Liga, no estará en la final, y no defenderá su título. Perdió en casa, después de una temporada fantástica. El otro equipo le leyó mejor y pasó por encima. Pero incluso en un momento en el que estaban 17 puntos abajo, el Real Madrid no bajó los brazos, siguió insistiendo y dándolo todo. El público le despidió con un gran aplauso.

¿Podemos llevar estas lecciones a la empresa?
En mi vida profesional estoy muy  acostumbrado a las analogías deportivas, principalmente por mi paso por Estados Unidos y las empresas americanas. Lo mejor de las analogías es que cada uno elige lo que quiere contar. En mi memoria no tengo ejemplos de fracasos, o del buen perdedor.


Pero la vida nos demuestra que está llena de éxitos y fracasos, quizá en la misma proporción aunque seguramente recordamos más los últimos, porque duelen, porque no son los que queremos exhibir, no los veo en el perfil de LinkedIn (tampoco yo he puesto los míos). Sin embargo Disney quien probablemente vivió en el año 2050 y viajó a mediados del siglo pasado para dejarnos mejores lecciones, dijo que del éxito no se aprende pero sí del fracaso. 




Solo para dejarlo claro. No estoy diciendo que ahora nos dediquemos a fracasar. Sino a aceptar el fracaso como parte del camino, del aprendizaje al éxito.

Regresando a la empresa ¿podemos traerlo a la empresa?

La respuesta es un rotundo sí. De hecho Estados Unidos nos ha demostrado que así es, ahí se ha “inventado” la innovación y el espíritu start-up. Hablando con un experto del IE la semana pasada, me decía que en Europa estamos unos 5 o 6 años atrasados con respecto a Estados Unidos, el Reino Unido menos quizá dos años, y España un poco más, unos 8.

Así que si el jefe castiga el fracaso, si los socios de la empresa deciden que son errores y no aprendizajes, quizá no es toda su culpa, es cuestión de cultura y de madurez. La próxima vez que les mires piensa que es un adolescente buscando un hueco en el mundo.

Como en todo hay al menos tres cosas que podemos hacer. Apoyar la cultura de castigar, señalar y criticar el proyecto que trabajó pero no entregó los resultados esperados. Podemos ser indiferentes, al menos no entorpecer, si no queremos ser parte por lo menos dejamos que los demás lo consigan. La tercera opción es ser entusiastas.

Entusiastas. Vale, quizá no soy el jefe, el socio, el dueño. Soy un empleado así que no tengo la autoridad para cambiar, pero puedo llevar alegría, mi ánimo y entusiasmo. Aplaude, levántate, apúntate, levanta la mano cuando pidan un voluntario, interésate (honestamente), da ideas. Celebra. Apunta, registra y celebra.

Si eres el jefe, el socio o el dueño: no tienes excusa.


Echa un vistazo a este vídeo, a partir del minuto 1:12 antes están hablando de otra cosa, los realizadores de Antena 3 no pillaron dónde hacer el corte a la entrevista:


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