martes, 2 de septiembre de 2014

Uber necesita un diputado (o varios)

Uber está generando pasiones, está dividiendo la opinión pública entre quienes consideran que la aplicación es simplemente libertad, el uso de la tecnología para masificar un servicio; y quienes consideran que es una aplicación ilegal que no solo entra en un campo regulado, sino que además genera una situación de competencia desleal. Yo lo dejaré claro desde el inicio, estoy con el segundo grupo.

Uber es una empresa que ha creado una aplicación por medio de la cual cualquier persona con un coche se puede ofrecer de chofer para transportar personas. En otras épocas se les llamaba “taxi pirata”, la diferencia ahora es que no necesita dar vueltas por la ciudad sino esperar a que un usuario le contacte y negocie un servicio de transporte.

Para conducir y trabajar en un taxi se necesita cumplir con algunos requisitos, no soy experto pero entre otros incluye años de antigüedad, exámenes, pólizas, permisos municipales, revisión periódica del coche, seguros especiales y mucho más. Para ser un conductor en Uber necesitas darte de alta.

Quizá puede decir que lo que falla es la cantidad de costes y burocracia asociada a conducir un taxi, y no Uber, pero la realidad es que desde mi opinión es una startup que ha decidido “meterse” en un mercado regulado pero saltándose las regulaciones, y eso no está bien.

Hace muchos años yo era experto en CAD (programas de diseño gráfico, incluyendo el arquitectónico), en una época yo mismo diseñé una casa que finalmente construí. Los planos que hice los diseñé siguiendo todos los estándares que yo mismo trabajé con arquitectos. Le di los planos a un arquitecto y él los hizo funcionales, muchas cosas que diseñé no tenían sentido, el arquitecto lo pasó por revisión en el colegio de arquitectos y posteriormente al constructor. La casa la vendí, creo que después de dos años, y sigue en pié, pero no por mi diseño, porque lo trabajaron profesionales.

Y si creo una aplicación que cualquiera que tire líneas diseñe edificios y los construyamos y además nos excusemos en que estamos dando empleo.

La tecnología es fantástica, pero No se puede sustituir a un profesional con una aplicación.

Alemania prohibió el uso de la aplicación por competencia desleal, Barcelona también, y muchos otros sitios. No está bien irrumpir en un mercado regulado, y si crees que hay que poner reglas diferentes no se protesta rompiéndolas, se hace en las cortes y el parlamento.

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