viernes, 6 de diciembre de 2019

Ayer presencié un robo

Ayer presencié un robo en la calle Suecia en Madrid. Es la primera vez que lo veo por lo que me tomó por sorpresa y no supe cómo reaccionar, por suerte.

No fue el robo del año, un chaval se puso un pañuelo en la cara, tal como lo muestran en la televisión en las zonas conflictivas, entró a una tienda de alimentación, pilló de la primera estantería un paquete de patatas, el grande, y corrió, a menos de 25 metros se le unió su socio en la huida. Nadie les perseguía.

Yo le ví ponerse el pañuelo pero me pareció un juego, cuando le ví salir corrió en la dirección por donde yo caminaba. He tenido la oportunidad de pararlo, de chocarme con él para que cayera, de hacerle una zancadilla, en fin de convertirme en el héroe de las patatas. No hice nada, y pensándolo mejor creo que hice bien.

Vivimos en un momento en el que si intervengo seguro que quien duerme en la cárcel soy yo por golpear a un menor de edad. Los chavales estos han aprendido dos cosas, que los menores son intocables e inmunes, y han aprendido la diferencia entre hurto y robo. El paquete de patatas no creo que supere 1,50€ por lo que no es nada, seguro que el de la tienda ya lo tiene asumido. Pero intervenir habría convertido al maleante en víctima, y a mí en agresor.

La próxima vez que veamos que alguien está siendo agredido y los que están alrededor graban con los móviles entenderemos a esas personas, al menos crean la evidencia fiel, hoy se puede.

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