martes, 31 de octubre de 2017

Discriminación de la mayoría

Después de participar y moderar un debate dedicado a la tecnopolítica, organizado para la Organización de Estados Americanos (OEA), recibí una queja de una diputada de un país de Sur América, donde hizo un apunte, en tono queja, debido a que en el debate no hubo representación femenina, tal como puedes comprobar en la fotografía.

Mi primera respuesta estuvo basada en el hecho cierto de que yo no convoqué hombres o mujeres, sino que pedí a las organizaciones (en este caso de tecnología) que enviaran su representante, la persona que esté a cargo. Yo no pedí hombre o mujer, sino el ser humano a cargo.

No obstante, después de pensar en profundidad, y sentirme “un poco culpable”, he caído en que no es posible forzar las cuotas. Por una simple razón matemática.

En el sector de la tecnología, tan solo un 16% de los actuales estudiantes son mujeres, posteriormente en el campo laboral, tan solo un 13% está presente. Esto quiere decir, que en un departamento de Tecnología, cuando alcance 50 empleados, según la probabilidad, tan solo 6 serán mujeres.

Por otro lado haciendo los números, en ese mismo departamento de 50 empleados, probablemente 6 o 7 sean puestos de dirección o responsabilidad. Asumiendo que todos los empleados podrían tener las mismas oportunidades sin discriminar por género, entonces  según las probabilidades, solo una mujer alcanzará una posición de responsabilidad. Si por el contrario, el director quiere forzar las cuotas para que sea más equitativo en cuanto a hombres y mujeres, y por ejemplo nombra 3 mujeres y 4 hombres, entonces con toda seguridad, dos humanos habían sido discriminados y rechazados por su condición de hombres.

Estos números aplican a todo. Si se fuerzan los puestos de trabajo lo que conseguimos es discriminar, y peor aún en tecnología, si el porcentaje de mujeres es tan bajo, habrá escasez de candidatas para llenar los puestos. Aún cuando es urgente que existan. Al final, también tenemos que respetar a las mayorías.

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